El proceso de vivir conlleva muchas preocupaciones, los hijos, las finanzas, el trabajo, la política, las relaciones sociales, la salud propia o de los nuestros y un gran etcétera. Es inevitable y adaptativo. La preocupación es un mecanismo diseñado para anticiparnos a los problemas y resolverlos.
La dificultad estriba en saber diferenciar cuando esa preocupación está causada por un peligro real o por uno que provoca nuestra mente excesivamente creativa. En teoría cualquier desgracia es posible, pero cuando evaluamos lo que es poco probable como seguro, estamos siendo dominados por la preocupación excesiva. Por ejemplo, los autobuses escolares es posible que sufran un accidente, pero, cuál es la probabilidad real de que el autobús de mi hijo lo tenga y muera yendo de excursión a la Albufera? Todos nos podemos quedar sin trabajo, pero, cuál es la probabilidad real de que tú pierdas el tuyo, no encuentres otro y acabes viviendo debajo de un puente con tu familia?
Una preocupación excesiva es aquella que se activa sin señales de peligro, y aparecen los “y si” : “Y si mi hijo tuviera cáncer” cuando no hay ningún síntoma de enfermedad, o “y si marido tiene un accidente yendo hacia el pueblo” siendo un excelente conductor y conociendo la ruta perfectamente. Si te ves identificado con estas líneas quizás sufras lo que en psicología llamamos un Trastorno de Ansiedad Generalizada, se sufre mucho, y deberías buscar ayuda.

Araceli Calatayud
Psicóloga Clínica

Juan Sevillá
Psicólogo Clínico
