Ya han pasado las Navidades. Muchos de nosotros, si no la gran mayoría, hemos pensado: “¡Menos mal, hasta el año que viene!”. Y es que, las Navidades y otras celebraciones, implican compromisos familiares en los que no desearíamos estar. ¿Y por qué lo hacemos? ¿Por qué aguantamos en nuestro hogar a personas que no vemos en todo el año y con las que no tenemos ningún tipo de relación, o la relación es mala?
Porque es familia y “TOCA”. Esto es la tiranía de la sangre. Creer que por encima de la calidad de la relación, o su ausencia, la genética manda.
Como terapeutas profesionales recibimos a muchas personas que sufren por relaciones familiares que no funcionan, en las que se sienten obligados a actuar en contra de sus emociones. ¿Cómo es posible querer a alguien que te ignora, no te quiere, o que te hace daño constantemente? No es posible, es un espejismo que nos hiere, que viene aprendido de la cultura dominante basada en los “lazos de sangre”. No confundir la genética con el afecto y el amor. El amor se practica, no se ama automáticamente por compartir material genético.
Si una relación familiar te daña, te asfixia y no te deja ser feliz, y sabes que no va a mejorar, por las intentonas que ya hayáis hecho, tienes derecho a elegir no continuar con la relación. Si en vez de ser tu hermano, padre, tío,… etc., fuera un amigo, ¿no habrías roto ya la relación? Somos seres humanos, no sólo biología.

Juan Sevillá
Psicólogo Clínico

Araceli Calatayud
Psicóloga Clínica
